A pesar de que el tabaquismo sigue siendo una de las principales causas evitables de morbilidad y mortalidad, la mayoría de los profesionales fracasa en sus intentos para que un paciente deje de fumar. Aunque más de las dos terceras partes de los fumadores dejarían de hacerlo, sólo una minoría lo logra por propia voluntad porque la nicotina es extremadamente adictiva.

Consecuencias del tabaquismo
El tabaquismo sigue siendo una de las principales causas evitables de muerte: origina alrededor de 440000 fallecimientos por año en los Estados Unidos y unos 5 millones en todo el mundo. Además, se estima que alrededor de 9 millones de personas en América del Norte están discapacitadas como consecuencia de enfermedades relacionadas con el tabaquismo, tales como enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y cáncer de pulmón. El tabaquismo origina el doble de muertes que las ocasionadas en conjunto por el virus de la inmunodeficiencia humana y el sida, el abuso de alcohol, los accidentes automovilísticos, el uso de drogas ilícitas y el suicidio. Además, es causa de por lo menos 100.000 muertes más por año que las atribuibles a obesidad. En promedio, se considera que las personas que fuman mueren 10 años antes que las que no lo hacen. El 33% de las muertes es de origen cardiovascular, el 28% obedece a cáncer de pulmón, el 22% es por enfermedades respiratorias y al menos 7% es ocasionado por otras neoplasias. Por su parte, en pacientes con enfermedades mentales y con abuso de sustancias se observa un incremento desproporcionado de la mortalidad asociada con el tabaquismo. El 9% de los fallecimientos atribuibles al humo del cigarrillo se produce en sujetos que no fuman –exposición pasiva–, fundamentalmente por patología cardiovascular. A su vez, cada vez se reconoce más que el tabaquismo es causa de otros trastornos, entre ellos menor fertilidad en mujeres, evolución desfavorable de la gestación, cáncer de mama, cataratas y degeneración macular.

En los Estados Unidos, la prevalencia de este hábito se ha reducido en las últimas 5 décadas y en la actualidad se estima una frecuencia del 22,1%, en comparación con 57% en hombres en 1955 y 34% en mujeres en 1965. El 70% de las personas que actualmente fuma refiere que dejaría de hacerlo si dispusiera de un método sencillo. La realidad es que hay casi tantos ex fumadores como fumadores; la mayoría de los sujetos que abandonó exitosamente el hábito tuvo numerosos intentos infructuosos con anterioridad.

Beneficios asociados con la interrupción del hábito de fumar
Las ventajas de dejar de fumar se observan en sujetos de todas las edades. Los beneficios más precoces –que se observan desde unas pocas semanas después de la interrupción– incluyen una mejor función pulmonar y una mayor tolerancia al ejercicio. Los síntomas respiratorios descienden aunque puede haber un incremento de la tos. Un año después del cese, el riesgo coronario disminuye a la mitad del observado en fumadores y alrededor de 15 años más tarde se parece al de los individuos que nunca fumaron. El índice de mortalidad de cualquier causa declina en el transcurso de los primeros 2 años después de la interrupción, al igual que la frecuencia de accidente cerebrovascular. Si bien la frecuencia de cáncer de pulmón y de otras neoplasias nunca se reduce en la magnitud a la registrada en sujetos no fumadores, después de una década de abstinencia cae en un 50%. Se estima que inclusive los pacientes de 65 años que dejan de fumar ganan 4 años más de vida respecto de sus pares que no pueden dejar de fumar. Además, la calidad de vida mejora considerablemente.

Adicción y farmacología de la nicotina
Una pregunta interesante que debe ser respondida en este contexto es porqué es tan difícil dejar de fumar. El autor recuerda que las acciones fisiológicas de la nicotina son numerosas; incluyen efectos en el sistema nervioso central (placer, excitación, mejor rendimiento y alivio de la ansiedad); efectos cardiovasculares (aumento de la frecuencia cardíaca, del volumen cardíaco y de la presión arterial y vasoconstricción cutánea y coronaria), supresión del apetito y aumento del índice metabólico. La distribución de la nicotina en el organismo es rápida: puede alcanzar el cerebro en 11 segundos después de la inhalación de un cigarrillo. Asimismo, la nicotina estimula la liberación de numerosos neurotransmisores, fundamentalmente dopamina. La absorción de nicotina depende del pH: a niveles fisiológicos de pH se absorbe bien mientras que la absorción se inhibe a pH más ácido. La mayor parte de la nicotina se metaboliza en el hígado; el metabolito principal –cotinina– se elimina por la orina. La exposición prolongada a los receptores de nicotina ocasiona mayor expresión de los mismos en regiones cerebrales específicas.
La tolerancia surge después del uso prolongado pero en fumadores, la sensibilidad se recupera durante la noche de manera tal que el primer cigarrillo de la mañana permite que se restauren los niveles cerebrales de nicotina. Los sujetos que fuman pueden autorregular la frecuencia del consumo, la intensidad de la inhalación y la magnitud con la cual los filtros y otros dispositivos son manualmente obstruidos; para poder mantener un nivel determinado de nicotina, los fumadores por lo general gradúan su hábito para lograr la estimulación máxima y evitar las manifestaciones de abstinencia. Estas últimas son importantes e incluyen enojo e irritabilidad, ansiedad, antojos, menor concentración, hambre y aumento de peso, inquietud, mareos, fatiga, menor rendimiento y alteraciones del sueño. La valoración exacta del nivel de adicción permite planificar una mejor estrategia de tratamiento y de monitoreo del progreso logrado.

Intervenciones para dejar de fumar
Existen varias alternativas esenciales para que las personas dejen de fumar, entre ellas, incrementar el costo de los cigarrillos; limitar las regiones donde se permite fumar; distribuir información adecuada e indicar medidas específicas que incluyen asesoramiento y terapia farmacológica. Estas últimas deben ser individualizadas y persistentes; para que sean exitosas es imprescindible que tanto el profesional como el paciente estén comprometidos con el tratamiento. A pesar de que los médicos suelen interrogar a los enfermos, sólo una minoría se involucra realmente en ayudarlos para que dejen de fumar. Esto obedece esencialmente a problemas de tiempo, a falta de entrenamiento apropiado, por respeto por la privacidad, por temor a que los enfermos se alejen, por la creencia de que la mayoría de los fumadores no puede abandonar el hábito y por el hecho de que en muchas ocasiones el profesional también fuma. Aunque indudablemente el tiempo es un factor a tener en cuenta, la derivación a centros especiales o sugerir líneas telefónicas que se ocupan específicamente del problema puede hacerse en menos de un minuto, señala el doctor Schroeder.

Opciones para dejar de fumar
Asesoramiento
La terapia cognitiva se refiere a la forma en que un paciente piensa acerca del problema. Así, los fumadores son entrenados en técnicas de distracción, relajación y otros procedimientos mentales que los motivan y alientan. Por el contrario, la terapia de comportamiento les permite evitar estímulos que desencadenan ganas de fumar, tales como el alcohol y el café de la mañana. Asimismo, intenta alterar la rutina habitual y tratar las consecuencias de la abstinencia de nicotina. El asesoramiento intensivo se asocia con un índice del 22% de abandono.

Farmacoterapia
La Food and Drug Administration aprobó dos clases de drogas para interrumpir el hábito de fumar: la terapia de reemplazo de nicotina (NRT) y las drogas psicotrópicas. La primera incluye, entre otros, parches de nicotina, aerosol nasal e inhaladores.
La elección de la NRT debe ser individualizada según las preferencias del enfermo, la tolerancia, los efectos adversos y los hábitos. Cada vez más enfermos con adicción grave son tratados con NRT combinada –un parche más un preparado de acción corta–. En casos particulares pueden necesitarse dosis más elevadas que las convencionales.
El parche de nicotina se considera la opción de primera línea, a menudo en combinación con otras formas de NRT y con drogas psicotrópicas. Ello obedece a que es fácil de usar, a que se asocia con niveles constantes de nicotina en sangre y a que se tolera bien. Sin embargo, se acompaña de insomnio, la dosis no puede ajustarse y en ocasiones provoca reacciones alérgicas. El chicle de nicotina puede ser particularmente apto para satisfacer los antojos orales y puede retrasar el incremento de peso después del cese de fumar; sin embargo, puede resultar socialmente inaceptable.
El único agente aprobado por la FDA es el bupropión, un antidepresivo que modula los niveles de varios neurotransmisores cerebrales, entre ellos dopamina y noradrenalina. Se lo administra en cápsulas de liberación sostenida, en dosis de 150 mg. Debido a que un elevado porcentaje de pacientes fumadores presenta simultáneamente depresión, la opción es particularmente útil para el tratamiento de ambas patologías. Es fácil de administrar y puede utilizarse simultáneamente con NRT. Su inicio debe preceder al menos una semana a la interrupción del cigarrillo de manera que se logren niveles estables de la droga en sangre. Habitualmente el tratamiento se continúa durante 2 a 3 meses pero en casos particulares puede seguirse hasta un año. Bupropión está contraindicado en pacientes con trastornos convulsivos o con enfermedades que pueden predisponer a la aparición de convulsiones. El insomnio y la sequedad de boca son algunos de los efectos adversos más frecuentes.
Nortriptilina –un antidepresivo tricíclico– y clonidina –un alfa agonista central– son dos agentes de segunda línea recomendados por el US Public Health Service.
Rimonabant es un inhibidor del receptor canabinoide, actualmente en estudios en fase 3 en obesidad y en sujetos que desean dejar de fumar. Los inhibidores de la citocromo P246, –enzima que metaboliza la nicotina– representan otras opciones interesantes para el tratamiento en el futuro.

Evolución; sistemas de intervención
Las intervenciones apropiadas incrementan considerablemente el índice de abandono del hábito. Sin embargo, es importante conocer que la mayoría de las personas requiere varios intentos antes de dejar definitivamente de fumar. Diversos estudios mostraron índices de éxito con las diversas formas de NRT del 14% al 20%, siempre superiores a los registrados con placebo y semejante al que se obtiene con bupropión, del 19%. En un trabajo, la NRT más bupropión se asoció con un índice de abandono del 35,5%; cabe destacar sin embargo, que los resultados han variado considerablemente de un estudio a otro. Empero parece haber coincidencia en que la terapia combinada es más eficaz que cualquiera de las modalidades por separado.
Los sistemas de intervención pueden establecerse en hospitales y en organizaciones médicas de salud. La Joint Comission on Accreditation of Healthcare Organizations (JCAHO) recientemente estableció medidas preventivas esenciales para tres patologías crónicas: neumonía extrahospitalaria; infarto agudo de miocardio e insuficiencia cardíaca congestiva; en todas ellas la valoración del hábito de fumar y el abordaje correspondiente para modificar la conducta representa un punto esencial. Sin embargo, cualquier campaña tropieza con aspectos políticos, económicos y financieros generales y específicos en cada nación que sin duda serán muy difíciles de revertir en el futuro cercano. Más aún, con muy pocas excepciones, la mayoría de los países en vías de desarrollo no considera al tabaquismo como una verdadera amenaza en términos de salud pública, tal como lo es la infección por HIV, malaria o tuberculosis.


    Año VIII, N° 129, Abril 2007