Influencia del índice de masa corporal (BMI) en los egresos de unidades de Cuidados Intensivos
Alain Tremblay, Venkata Bandi
Chest 2003 123: 1202-1207.
Los pacientes delgados que ingresan en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) tienen peor evolución que los pacientes con peso normal o los obesos, ya que presentan mayor mortalidad y mayor estancia hospitalaria. Estas son las conclusiones de un estudio publicado en el último número de la revista 'Chest', cuyos autores opinan que el índice de masa corporal (IMC) debería ser incluido entre las variables utilizadas para calcular la puntuación de gravedad de los pacientes que ingresan en UCI.
La relación entre el peso y la mortalidad intrahospitalaria se ha estudiado en relación con diferentes patologías. Aunque algunos estudios han evidenciado una asociación entre el bajo peso o la obesidad con la peor evolución, por lo general los sistemas de puntuación (en inglés, scores) para valoración de la gravedad del paciente, no incluyen al peso como un posible predictor de mala evolución. Para intentar valorar cómo el peso puede influir en la evolución de los pacientes graves ingresados en una UCI, un grupo de investigadores de la universidad de Houston han realizado un análisis de los datos de 41.011 pacientes intentando identificar si existía una correlación entre el peso y la evolución de los mismos.
Los pacientes fueron divididos en 5 grupos, utilizando el normopeso (IMC de 20-25 kg/m2) como el grupo de referencia. Se consideraron delgados o de bajo peso los individuos con un IMC por debajo de 20, sobrepeso los que tenían un IMC de 25-30, obesos si el IMC era de 30 a 40 y obesidad mórbida si el IMC estaba por encima de 40 kg/m2. Se valoraron como parámetros la mortalidad intrahospitalaria, la estancia media y la situación fisiológica al alta.
Los pacientes delgados tuvieron un 26% más de riesgo de fallecer y un 10% más de riesgo de presentar discapacidades al alta, que los pacientes con normopeso. Sorprendentemente, los pacientes con sobrepeso, obesos o con obesidad mórbida, no presentaron mayor riesgo que el grupo control. Cuando se controló por posibles confusores como la edad, el sexo, el tipo de ingreso (si procedían de una planta de medicina o de una planta quirúrgica), todos ellos asociados a mayor riesgo de mortalidad o discapacidad, las diferencias se mantuvieron significativas, con lo que se puede concluir que el bajo peso es un factor de riesgo independiente de mala evolución.
En cuanto a la estancia en el hospital, ésta fue más larga en los pacientes delgados, con sobrepeso, obesos o con obesidad mórbida, si se comparan con el grupo control. Esta relación se mantuvo en los diferentes grupos también cuando se controló por posibles variables confusoras.
Es posible que algunas de las variables no analizadas en este estudio, realizado a partir de datos procedentes de un registro nacional, como la comorbilidad o la existencia de cáncer, puedan explicar parte de los resultados. Llama la atención que los pacientes obesos no tengan mayor riesgo de complicaciones, aunque si más estancia hospitalaria. Es posible que la reserva nutricional les permita afrontar mejor las situaciones de gravedad, aunque dado que están más tiempo ingresados, es posible que precisan más días para recuperarse que los pacientes con normopeso. A pesar de todos estos defectos, parece que puede concluirse que el bajo peso es un factor de riesgo de mala evolución.