La muerte cerebral puede ser declarada cuando todas las funciones del cerebro, incluyendo el tronco cerebral, han cesado irreversiblemente. En los Estados Unidos, la muerte cerebral puede ser determinada por criterios neurológicos, según lo establecido en la ley de determinación uniforme de la muerte (Uniform Determination of Death Act) (1-2). Sin embargo en muchos países de Europa y América se exigen ciertos exámenes confirmatorios.

Existe una clara diferencia entre daño cerebral severo y muerte cerebral. La comprensión de esta diferencia por parte del médico es fundamental, dado que la muerte cerebral implica irreversibilidad e inutilidad de todas las medidas de soporte que puedan instituirse.

Los estudios que pueden determinar la muerte cerebral con razonable seguridad han adquirido especial importancia médica y médico-legal desde el inicio de los programas de trasplantes de órganos.

Las principales causas de muerte cerebral en adultos son el trauma encefálico y la hemorragia subaracnoidea (3), mientras que en niños son más comunes el trauma (por abuso o accidentes), y la asfixia (4).

El examen clínico
El examen clínico neurológico sigue siendo el estándar para la determinación de la muerte cerebral, y ha sido adoptado por la mayoría de los países (5-6).

La declaración de muerte cerebral requiere no sólo una serie de cuidadosos exámenes neurológicos, sino también la determinación de la causa del coma, la seguridad de irreversibilidad, el reconocimiento de posibles factores de confusión, la interpretación de los hallazgos en las neuroimágenes, y la realización de todas las pruebas de laboratorio que se consideren necesarias (7).

Más aún, existe además un grupo de condiciones que pueden simular muerte cerebral, como la hipotermia (8), o la intoxicación por drogas (9).

Exámenes confirmatorios
Los exámenes que confirman la muerte cerebral son optativos en adultos, pero obligatorios en niños menores de un año de edad (10).

Diagnóstico de muerte cerebral por métodos de Medicina Nuclear
El diagnóstico por técnicas de Medicina Nuclear es uno de los exámenes confirmatorios basados en la ausencia de flujo cerebral detectable. Se acepta en forma general que el cese de del flujo intracerebral es incompatible con la viabilidad del tejido nervioso.
Los estudios que se basan en la ausencia de flujo cerebral permiten detectar el estado de muerte cerebral durante el coma barbitúrico, situación que puede ser frecuente en potenciales donantes de órganos.
Como técnica alternativa a la angiografía cerebral, se ha propuesto el estudio de flujo cerebral con radionucleidos, que ha mostrado una buena correlación con la angiografía de cuatro vasos (11).
Si bien el estudio del flujo cerebral puede efectuarse con Tecnecio-99m no marcado, el uso de trazadores lipofílicos que atraviesan la barrera hematoencefálica y se fijan en la corteza cerebral en proporción directa al flujo cerebral regional (rCBF), se encuentra ampliamente difundido en las unidades de Medicina Nuclear. Estos radiofármacos presentan una alta tasa de extracción y no son metabolizados significativamente.

Los fármacos más utilizados son el etilen-cisteína-dímero (ECD) y la hexametilen-propilenamino-oxima (HMPAO), ambos marcados con Tecnecio-99m.

El procedimiento es sumamente simple y se puede efectuar rápidamente. Basta efectuar una inyección en bolo por una vía accesible y registrar 40 a 60 segundos de imágenes secuenciales (Fig. 1A), y una toma más tardía, 5 a 10 minutos después (Fig. 1B).

Angiografía radioisotópica cerebral normal
Figura 1. (A) Angiografía radioisotópica dinámica normal.
Pueden observarse ambas carótidas primitivas, las carótidas
internas, el polígono de Willis y las arterias cerebrales medias
y anterior. (B) Imágenes estáticas, que muestran captación
normal del radiofármaco en el cerebro.

Se obtienen imágenes planares, pues la realización de imágenes tomográficas SPECT retrasa la exploración y no se encuentra justificada frente a la inestabilidad de estos pacientes.

El estudio secuencial dinámico suele mostrar imágenes características de ausencia de circulación sanguínea intracerebral (Fig. 2A):

En las imágenes estáticas más tardías no se observa estructura intracraneal alguna (Fig. 2B), y éste constituye un indicio típico de muerte cerebral, ya que normalmente el radiotrazador es captado ávidamente por las neuronas de la corteza cerebral y los ganglios basales.

Muerte cerebral. Angiografía radioisotópica.
Figura 2. (A) Angiografía radioisotópica dinámica de un paciente con muerte cerebral. Se observa ausencia total de circulación por las estructuras vasculares intracraneales (carótidas internas, polígono de Willis, arterias cerebrales), y derivación del flujo desde las carótidas primitivas hacia las carótidas externas, con visualización de estructuras extracraneales (macizo facial y cuero cabelludo).
(B) Imágenes estáticas, que muestran ausencia total de captación del radiofármaco en el cerebro, fosa posterior y núcleos basales.
 

Según distintos autores, la sensibilidad del estudio angiográfico radioisotópico acompañado de las imágenes estáticas es cercana al 100%, con una especificidad del 95% promedio (11-12).

Dado que los estudios de perfusión cerebral con Tc99m-HMPAO o Tc99m-ECD presentan una sensibilidad y especificidad óptima para el diagnóstico de muerte cerebral, que sus resultados no se modifican por el coma barbitúrico y son igualmente precisos en niños, éstos constituyen una alternativa confirmatoria confiable, rápida y al alcance de la mayoría de los centros médicos de mediana complejidad.

Bibliografía
1. Guidelines for the determination of death. JAMA, 1985, 246:2184-2186
2. Uniform Determination of Death Act, 12 Uniform Laws Annotated (U.L.A.) 589 (West 1993 and West Supp. 1997).
3. Wijdicks EF. Determining brain death in adults. Neurology 1995;45:1003-1011.
4. Ashwal S, Schneider S. Brain death in children. Pediatr Neurol 1987;3:5-11, 69.
5. The Quality Standards Subcommittee of the American Academy of Neurology. Practice parameters for determining brain death in adults (summary statement). Neurology 1995;45:1012-1014.
6. Van Norman GA. A matter of life and death: what every anesthesiologist should know about the medical, legal, and ethical aspects of declaring brain death. Anesthesiology 1999;91:275-287.
7. Wijdicks EF.The diagnosis of brain death. N Engl J Med. 2001 Apr 19;344(16):1215-21.
8. Danzl DF, Pozos RS. Accidental hypothermia. N Engl J Med 1994;331:1756-1760.
9. Goldfrank LR, Flomenbaum NE, Lewin NA, Weisman RS, Howland MA, Hoffman RS, eds. Goldfrank's toxicologic emergencies. 6th ed. Stamford, Conn.: Appleton & Lange, 1998.
10. American Academy of Pediatrics Task Force on Brain Death in Children. Report of special task force: guidelines for the determination of brain death in children. Pediatrics 1987;80:298-300.
11. Laurin NR, Driedeger AA, Hurwitz CA: Cerebral perfusion imaging with technetium-99m HM-PAO in brain death and severe central nervous system injury. J Nucl Med. 1989, 30:1627-1335
12. Wilson K, Gordon L, Selby J. The diagnosis of brain death with Tc-99m-HMPAO. Clin Nucl Med. 1993. 18:428-434
 


    Año VIII, N° 135, Octubre 2007