Memantina parece mejorar los síntomas parkinsonianos independientemente del uso de drogas dopaminérgicas y, a diferencia de amantadina, no tiene acción sobre las discinesias inducidas por drogas


Desde la década del setenta se sabe que amantadina, un antagonista de NMDA, es eficaz en la enfermedad de Parkinson. Memantina, es otro antagonista NMDA no competitivo, con una acción sobre el receptor comparable a la de MK 801. Su utilidad en la enfermedad de Parkinson, sin embargo, sólo se determinó en estudios abiertos. En esta oportunidad, el doctor Merello y colaboradores del Raul Carrera Institute for Neurological Research, de Buenos Aires, analizan su eficacia y seguridad en un trabajo a doble ciego, controlado con placebo.


Materiales y métodos
Se incluyeron 12 pacientes asistidos en la sección de trastornos del movimiento y con criterios específicos de enfermedad de Parkinson, con fluctuaciones motoras y discinesias inducidas por drogas. Los participantes requerían 4 o más dosis diarias de L-dopa. En una investigación a doble ciego y aleatorizada, después del examen inicial, los enfermos fueron asignados a placebo o a memantina durante 2 semanas, en forma transversa con un período de lavado de 3 días. Al final de cada fase los enfermos fueron desafiados con una dosis única de L-dopa. La dosis de memantina se incrementó gradualmente durante la primera semana de terapia, desde 10 mg por día hasta 30 mg diarios, hacia el séptimo día.
La prueba de L-dopa consistió en la administración de una dosis de 200/50 mg de L-dopa/carbidopa. El estado motor se valoró mediante la sección motora de la Unified Parkinson’s Disease Rating Scale (UPDRS). La duración y latencia se determinaron mediante valuaciones seriadas. Asimismo, se valoraron las escalas de discinesia, bradicinesia (UPDRS) y se efectuó una valoración combinada de inestabilidad postural y trastornos de la marcha con la misma escala.


Resultados
Se estudiaron 6 hombres y 6 mujeres en Hoehn-Yahr III-IV. Los participantes tenían 60,6 años en promedio y presentaban enfermedad de Parkinson desde alrededor de 14,5 años antes. Recibían L-dopa en dosis de 695 mg aproximadamente; 5 pacientes también estaban tratados con agonistas de dopamina (selegilina e inhibidor de COMT); en cambio, ninguno recibía amantadina. El puntaje promedio en la escala UPDRS fue de 24,2 y de 12,5 en el estado en “on” y “off”, respectivamente.
Se constató un efecto significativo de memantina sobre el puntaje motor total en ambos estados (p< 0,003); asimismo se observaron diferencias sustanciales entre memantina y placebo en el puntaje de temblor en reposo (p< 0,02) y en el puntaje de bradicinesia (p< 0,03) en el estado en “off”. En cambio, no se produjeron diferencias importantes en el puntaje de rigidez ni en el parámetro combinado de inestabilidad postural y trastornos de la marcha, en ninguno de los estados. Tampoco se observaron diferencias en el efecto de latencia con L-dopa (placebo, 35 minutos; memantina, 34 minutos) ni en la duración del efecto (placebo, 176,6 minutos; memantina, 170, minutos, p = 0,06). El puntaje promedio de discinesias no difirió considerablemente entre el grupo activo y el grupo placebo. Los efectos adversos fueron leves y transitorios; ocurrieron con una frecuencia semejante en pacientes de ambos grupos.


Discusión
Si bien amantadina ha sido ampliamente utilizada en las etapas iniciales de la enfermedad de Parkinson y en pacientes con trastornos de la marcha, sólo recientemente se prestó atención a la droga por sus efectos antidiscinéticos, en función de que los antagonistas de glutamato son capaces de mejorar las discinesias inducidas por L-dopa sin alterar los síntomas, en modelos de enfermedad de Parkinson en monos. Asimismo, se vio que dextrometorfano en el hombre es capaz de ejercer un claro efecto antidiscinético sin modificar la acción de L-dopa sobre las manifestaciones motoras sensitivas. Estas observaciones y otras consideraciones teóricas motivaron la idea de que los antagonistas de glutamato podrían ser agentes farmacológicos útiles para el tratamiento de estas patologías, porque bloquean las señales de salida del núcleo subtalámico. Con estos antecedentes, los autores evaluaron el efecto de otro antagonista NMDA, memantina, en un grupo de pacientes con enfermedad de Parkinson. Los resultados demostraron que la droga no tiene efecto sobre las discinesias inducidas por L-dopa; no ejerce modificaciones sobre la latencia y duración de una dosis de L-dopa; se asocia con un neto efecto antiparkinsoniano, fundamentalmente sobre la bradicinesia y temblor en reposo y aumenta la acción de L-dopa sobre el puntaje motor total en la escala UPDRS.
La pregunta que surge, entonces, es porqué amantadina y memantina (ambos bloqueantes NMDA) ejercen efectos beneficiosos distintos en el parkinsonismo. Los expertos recuerdan que amantadina es un antagonista NMDA no selectivo parecido a dextrometorfano, con conocidas propiedades antidiscinéticas. Sin embargo, carece de acción sobre los síntomas principales de la enfermedad de Parkinson o sobre la magnitud de la respuesta a L-dopa. Se ha postulado que estos efectos obedecen al bloqueo funcional de la actividad subtalámica excesiva. Por el contrario, el efecto antiparkinsoniano observado en pacientes tratados con memantina coincide con hallazgos previos obtenidos con otros bloqueantes NMDA, tales como MK 801. Dicha acción sería atribuible a la inhibición de la transmisión mediada por glutamato en el estriado y al descenso de la inhibición del impulso en neuronas dopaminérgicas de dicho sistema.
Memantina y amantadina son derivados adamantano con capacidad de bloquear el receptor NMDA. Sin embargo, todavía se conoce poco acerca de sus respectivas subunidades o de su distribución regional o celular. Por lo tanto, no parece prudente por el momento generalizar sus efectos: sus propiedades antiparkinsonianas deben evaluarse separadamente. Los hallazgos del estudio actual indican que memantina puede mejorar los síntomas parkinsonianos independientemente del uso de drogas dopaminérgicas y, a diferencia de amantadina, no tiene acción sobre las discinesias inducidas por drogas, concluyen los autores.


    Año VIII, N° 126, Enero 2007