Morris MC, Evans DA y col.
Arch Neurol 62: 1-5, 2005

La ingesta de pescado podría asociarse con declinación cognitiva más lenta durante el envejecimiento pero aún debe determinarse si las grasas del pescado son las responsables del efecto beneficioso


En estudios anteriores se constató que el consumo de pescado se asociaba con menor riesgo de demencia y de accidente cerebrovascular. El pescado, recuerda la doctora Morris y su grupo del Rush Institute for Health Aging, es una fuente directa de ácidos grasos omega 3, un tipo de grasas poliinsaturadas que en dos estudios prospectivos se relacionaron con menor probabilidad de enfermedad de Alzheimer y de declinación cognitiva. La ingesta de ácidos grasos omega 3, especialmente de ácido docosahexaenoico (DHA), es esencial para el desarrollo neurocognitivo y para el funcionamiento normal del cerebro. Recientemente se ha visto en modelos animales que el DHA es importante para la reserva neuronal cerebral y para el rendimiento de la memoria. Con estos antecedentes, los expertos de Chicago estudian en este amplio estudio epidemiológico si el consumo de pescado (ácidos grasos omega-3) reduce la declinación cognitiva asociada con la edad.

Métodos
El estudio actual se realiza en el contexto del Chicago Health and Aging Project (CHAP), una investigación en marcha en 6.158 residentes de 65 años o más de una comunidad geográficamente definida, integrada por 62% de sujetos negros y 38% individuos de raza blanca. Las pruebas cognitivas se efectuaron entre 1993 y 1997 y se repitieron 2 veces, cada 3 años, a lo largo del seguimiento. Los participantes (n: 3.718) completaron un cuestionario de frecuencia de ingesta de alimentos (Harvard FFQ modificado) y fueron sometidos a pruebas neuropsiquiátricas.
La ingesta global de ácidos grasos omega-3 abarcó ácido linolénico, ácido eicosapentaenoico (EPA), ácido docosapentaenoico y DHA. Las grasas poliinsaturadas incluyeron todos los ácidos grasos omega-3, ácido linoleico y ácido araquidónico. En un subgrupo de participantes del CHAP se comprobó la correlación entre el FFQ y los niveles plasmáticos de grasas.
Los integrantes de la cohorte realizaron la East Boston Tests of Immediate and Delayed Recall; la Mini-Mental State Examination y el Symbol Digit Modalitites Test, cuyos resultados se promediaron en una medición global única. Se tuvieron en cuenta diversos factores de confusión, tales como variables demográficas, actividad cognitiva, actividad física, consumo de alcohol, síntomas depresivos, enfermedad cardíaca, hipertensión, antecedente de accidente cerebrovascular y diabetes.

Resultados
En general, el consumo de pescado fue bajo: el 21% ingirió dos o más comidas con pescado por semana; el 36,3% lo hizo una vez por semana y el 42,5%, menos de una vez. Los sujetos con mayor consumo tendieron a ser de raza negra, a tener antecedente de patología cardiovascular y a consumir menos alcohol.
El puntaje cognitivo promedio al inicio fue de 0,18 unidades estandarizadas (UE) con un índice global de declinación de 0,04 UE por año. El deterioro cognitivo fue más lento en personas que consumían pescado al menos una vez por semana. Los puntajes descendieron en 0,054 UE/año en sujetos con consumo bajo; 0,043 UE/año en los individuos que ingerían pescado una vez por semana y 0,039 UE/año entre los fuertes consumidores de pescado. En un modelo posterior que consideró la actividad cognitiva, la actividad física y el consumo de alcohol, las diferencias en los índices entre consumidores y no consumidores fueron de 0,011 UE/año entre los que ingerían pescado una vez por semana y de 0,013 UE/año en los que consumían este alimento dos o más veces por semana, lo cual representa una reducción del índice anual del 10% y del 13%, respectivamente.
En el modelo que incluyó antecedente de accidente cerebrovascular; infarto de miocardio; hipertensión y diabetes, la diferencia asociada con el consumo semanal y de más de una vez por semana no fue significativa; lo mismo ocurrió al considerar el consumo de frutas y vegetales. En cambio, al tener en cuenta el consumo de grasas saturadas, poliinsaturadas y de ácidos grasos trans, las diferencias variaron (beta = 0,010 en ambos casos). Sin embargo, hubo pocos indicios de que los ácidos omega-3 se asociaran con cambios cognitivos. La relación con el consumo de pescado no difirió según edad, sexo, raza o educación como así tampoco al eliminar del análisis a las personas con los menores puntajes en las escalas cognitivas.

Discusión
El estudio en una comunidad integrada por dos razas demuestra que el consumo de pescado se asocia inversamente con la declinación cognitiva al cabo de 6 años. El índice de deterioro se redujo en un 10% y en un 13% por año entre los individuos que consumieron 1 o más comidas con pescado en comparación con los que ingirieron pescado menos de una vez por semana. La disminución observada equivale a una edad cronológica de 3 o 4 años menos. Sin embargo, no se comprobó una estrecha relación con los ácidos grasos omega-3.
Los autores recuerdan que el deterioro cognitivo es frecuente en las personas seniles; el estudio actual no brinda información con relación a la causa de este fenómeno que podría ser patológico o un proceso normal asociado con el envejecimiento. Sin embargo, los estudios epidemiológicos en conjunto indican que el problema es cada vez más común en todo el mundo. En opinión de los autores, es posible que el mayor responsable de los beneficios observados en el estudio actual sea el DHA en virtud de su abundancia en tejido cerebral. Sin embargo, la falta una asociación firme podría obedecer a la presencia de otros constituyentes en la dieta o posiblemente a algún otro factor relacionado con la salud cognitiva y el consumo de pescado. En definitiva, los resultados del trabajo actual sugieren que la ingesta de pescado una o más de una vez por semana podría proteger contra la declinación cognitiva asociada con la edad.


   Año VII, N° 118, Mayo 2006