Trauma acústico: Un problema de nuestros tiempos
Qué es y cómo protegerse

Dr. Dario Roitman
1ra. Cátedra de Otorrinolaringología. UBA.



Hace pocas semanas, en una carta al director de una importante publicación de Buenos Aires, un lector relataba una experiencia personal. "Para que sirva de advertencia a otras personas", mencionaba que había llevado a sus hijos al concierto de rock de un artista de primera magnitud, pero que lamentablemente, unos enormes parlantes se encontraban instalados a menos de cuatro metros de sus ubicaciones y que al finalizar el concierto uno de sus hijos notó un fuerte zumbido en ambos oídos y persistiendo al día siguiente visitaron a un médico especialista que le diagnosticó una pérdida (que supone transitoria), del 35 por ciento de su audición en ambos oídos, generada por trauma acústico agudo, y meditaba sobre el hecho de cómo los jóvenes son expuestos a volúmenes de música muy intensos, sin noción alguna del daño que ello puede provocar.

Vemos por este relato que el sonido puede dañar la audición, ¿qué es específicamente el trauma acústico? : Científicamente, 

Trauma Acústico es la disminución auditiva o hipoacusia generada por el ruido que lesiona (inicialmente) la zona del oído interno destinada a percepción de los tonos o frecuencias agudas. Trauma viene del Griego y significa herida.

Los sonidos provenientes de la naturaleza lo agreden en forma suave, esta moderación se debe a la protección establecida en el transcurso de millones de años en la evolución del ser humano, haciendo que en el oído, se desarrollaran ciertas estructuras anatómicas que bloquean la transmisión de sonidos intensos, en las frecuencias graves.

En los tiempos del hombre primitivo, solo existían sonidos naturales, aun intensos como los del un trueno o el mar, que tienen tonalidad grave, de allí la protección contra sonidos graves de alto volumen, pero con el desarrollo de las maquinarias particularmente a partir de la Revolución Industrial, los ruidos intensos y agudos, aparecen y se multiplican pero, de un modo tan veloz que las estructuras del oido humano, no han tenido aún "tiempo evolutivo" para modificarse y protegerse, quedando así el oído interno sin protección ante sonidos agudos intensos o repetidos; y precisamente el Trauma Acústico se produce inicialmente en las frecuencias agudas.

Pensemos en lo expuesto que está el trabajador que se desempeña en una tarea que implique trabajar en un aeropuerto muy ruidoso o en la industria textil o utilizar martillos neumáticos, 

Las leyes laborales brindan en el espíritu y su letra, protección ante el trauma acústico, no obstante en nuestro medio puede asegurar que aún ni los empresarios ni los propios trabajadores, han tomado siquiera conciencia de la importancia de la prevención contra el ruido.

Recientes Investigaciones mencionan que por los altos niveles de ruido, el 75% habitantes de ciudades industrializadas padecen algún tipo de deficiencia auditiva; sin embargo, pocos son los que son conscientes de su problema. 

El ruido del tránsito, la música en las discos, conciertos o las fiestas; el sonido de las fábricas e, incluso, los gritos son enemigos invisibles de la audición y lo más grave es que la gente se acostumbra al ruido nocivo y lo ve como parte natural de su entorno, sin tener aún noción que conducen a la sordera, 

Contrariamente a lo que se pude pensar que la sordera llega con la edad los Jóvenes, son actualmente los más afectados. 

Otro estudio realizado con jóvenes entre los 15 y 25 años de diferentes ciudades, encontró con asombro que ninguno de ellos poseía íntegra su capacidad auditiva. 

Ante estos hechos, Se ve claramente que la creciente población de sordos ya no sólo es consecuencia del proceso de envejecimiento natural o secuela de enfermedades respiratorias descuidadas, sino por ciertos sonidos que ya son parte de la vida del hombre moderno y siendo que el oído es un órgano tan delicado que cuando pierde su capacidad auditiva, ya no la puede restablecer. 

El daño por ruido puede ser agudo o crónico, pero estadísticamente, la pérdida de la audición suele ser progresiva y sigilosa. 


Existe también una sensibilidad personal al sonido, Hay gente más propensa que otra, pero en general la población se ha ido habituando a los ruidos fuertes, aun cuando éstos le causan daños permanentes"

Muchos estudios realizados sobre los ruidos en distintas ciudades revelan que las industrias, algunos trabajos con maquinaria estruendosa, las discotecas, los videojuegos, él transito, e incluso las fiestas infantiles y algunos juguetes llegan a tener volúmenes de ruido tan altos que quien los padece, tarde o temprano, verán disminuida su capacidad para escuchar. 

Cuando se sale de un lugar con un zumbido en los oídos significa que hubo un daño (en general transitorio), pero si se va a ese lugar con frecuencia (o si se permanece), o se trabaja en él, sin protección para los oidos, por un lapso suficiente de tiempo, el daño será permanente. Sin embargo la sordera no es el único precio que la humanidad está pagando por el hecho de vivir en una

ciudad ruidosa, el ruido también provoca enfermedades gastrointestinales, problemas respiratorios, las disfunciones endocrinologicas e hipertensión arterial

En cuanto a las consecuencias psicológicas, está la ansiedad, la irritabilidad y los trastornos del sueño, como el insomnio y las pesadillas reiteradas. 

Esto obligaría a tomar medidas urgentes, pero en Buenos Aires, al igual que en otras ciudades y por diferentes razones no se cumple totalmente la tarea de regular los volúmenes de los lugares públicos, de los vehículos particulares, ni colectivos ni de los de carga para que no sean ruidosos, las leyes están vigentes pero simplemente ni se cumplen ni se controla lo suficiente. 


En la Unión Europea hay regulaciones estrictas, en Francia por ejemplo, a partir de las 10 de la noche no se puede subir el volumen de la música ni lavar ropa para no molestar a los vecinos, en nuestras ciudades no hay todavía una consciencia colectiva de esto. 

Las unidades que sirven para medir la intensidad del ruido, se llaman decibeles y aparecen abreviadas como dB. En líneas generales y para tener una idea de los volúmenes de sonido y su efecto sobre la audición podemos decir que: 

*Si el volumen es menor a 45 dB, no hay daño en el oído. Si va de 50 a 90 dB, hay cierta alteración. 

* Si va de 90 a 130 dB se genera un daño permanente e irreparable en la audición. 

* Si supera los 130 dB puede haber pérdida súbita de la capacidad auditiva y, además, se entrará al umbral del dolor.

Algunas medidas de prevención pueden ayudar a no exponerse a sonidos que van más allá de los 80 decibeles, nivel considerado de riesgo: 

1. Si le gusta la música, nunca suba el volumen al máximo; mantenga el sonido a una intensidad similar a la de una conversación entre dos personas.

2. Evite escuchar el walkman más de una hora seguida, y hágalo preferiblemente con auriculares grandes, no los pequeños o de inserción, que no dejan salir el sonido, que rebota y daña con mayor intensidad. 


3. El sonido en lugares nocturnos, conciertos, carreras de automóviles, aeropuertos, etc., en general supera los 100 decibeles. Cuando visite tales sitios Procure salir del ruido al menos una vez cada hora.


4. Mantenga el volumen a un nivel conveniente. Tome como referencia una Conversación entre dos personas en un sitio tranquilo.


5. Si usted trabaja en la calle o maneja todo el día taxi, colectivo o camiones de Carga, utilice tapones en sus oídos y cierre la ventanilla del conductor. y manejando con los vidrios del auto cerrados, es conveniente bajar el volumen de la radio , el pasa-Cds, y el del equipo de aire acondicionado además de verificar constantemente el motor de automóvil. 

6. en el caso de trabajar en lugares donde hay mucho ruido o en el caso de ir a discotecas, bares ruidosos o ir a bailar o a conciertos con sonido muy amplificado, se deben utilizar tapones de oídos si se quiere conservar la capacidad auditiva en buenas condiciones, (Los tapones evitan el daño nocivo y, en cambio, permiten oír de la voz humana)